jueves, 3 de septiembre de 2009

Sin disciplina, el PRD es un barco a la deriva

POR TONY RAFUL
*EL AUTOR es poeta y dirigente del PRD
Una organización política que carece de disciplina, de respeto y acatamiento de sus líneas ideológicas, no puede ni tiene capacidad para proponer la lucha efectiva por la toma del poder.

José Francisco Peña Gómez que fue indudablemente el más democrático de todos los líderes nacionales ejerció un liderazgo democrático con rasgos autoritarios necesarios que forjaron el rigor y cumplimiento de sus objetivos fundamentales. Yo presencié en los últimos días de su vida, los esfuerzos denodados, las energías extenuadas, toda su capacidad, expuestas hasta altas horas de la madrugada, componiendo la unidad del Partido Revolucionario Dominicano y enfrentándose a compañeros desaprensivos, que llegaron a faltarle el respeto, embriagados como estaban por las nominaciones en la boleta electoral del PRD en las elecciones de 1998.

Probablemente esa fue su batalla final, porque sin su entrega y sacrificio a la organización en aquellos días de desbordamientos y pasiones, no habríamos podido compactar un frente airoso que terciara con posibilidades reales de éxito. Antes, en el proceso de selección de las candidaturas congresuales y municipales en las elecciones de 1994, cuando Peña Gómez fue víctima de un fraude electoral, que pudo ser demostrado ante los organismos internacionales, tuvo que lidiar con cientos de dirigentes del partido, incluso al más alto nivel, para quienes figurar en la boleta electoral era un asunto de vida o muerte, yo vi gente diciendo que no tenían un centavo, que habían quebrado sus negocios, gente que llegó a alterar listados de candidaturas.

Una noche conversando con Peña Gómez sobre este drama me dijo que el profesor Juan Bosch tuvo en parte razón cuando en 1973 al salir del PRD dijo que si no se iba lo mataban o se iba a morir, agobiado por las presiones y gestiones de apoyo a candidaturas y sinecuras, que ni siquiera se habían discutido porque el Partido tenía la línea de abstención electoral y denuncia de los fraudes de la administración del Presidente Balaguer. Solamente el doctor Peña Gómez pudo enfrentarse a ese toro bravo y salvaje que eran y son las aspiraciones masivas, tomando en cuenta el sentido político y la percepción social de la representación popular, porque la validez de su línea de participación electoral y su táctica de aprovechamiento de la solidaridad internacional darían resultados expulsando al Presidente Balaguer del solio presidencial.

El PRD tiene que restablecer su disciplina interna como condición básica para garantizar la conquista del poder. Ninguna organización puede sobrevivir sin autoridad, si un estado mayor que la dirija. Para que la disciplina sea efectiva hay que enseñar a los compañeros a respetar los fundamentos e ideas que son la zapata de los procesos históricos. Es inconcebible que se le falte el respeto al Presidente del Partido como ocurrió recientemente cuando fue interrumpido por el lanzamiento de consignas fuera de lugar porque se trataba de un acto institucional. Creo que la fuerza de legitimidad sustentada por el nuevo presidente del PRD, Ing. Miguel Vargas, lo apodera de los recursos y la determinación para reorientar a la organización y llevarla a la consolidación de su institucionalidad.

La muerte de Peña Gómez en 1998 fue una verdadera desgracia política, el irrespeto que siempre se ha manifestado en el partido solamente era contrarrestado por la fuerza de apoyo popular que el líder encarnaba, él era un muro de contención contra los desvaríos y las insolencias. Ahora con la presidencia de Miguel Vargas se nos presenta la oportunidad histórica de forjar los mecanismos de cumplimiento de los estatutos y las normas éticas que requerimos para reconquistar el corazón del pueblo dominicano.

El Ing. Miguel Vargas representa un tiempo diferente que exige acciones que disciplinen al Partido, que preservando la memoria histórica lo ajuste a los nuevos tiempos, lo inserte como mecanismo de cambio y progreso en la post modernidad, para cumplir con sus objetivos de reformas y justicia social pregonados como valores enhiestos durante 70 años de duro batallar. En los últimos años los organismos del partido fueron disfuncionales por la insuficiencia del liderazgo partidario, hasta el grado de que se dieron reuniones de la comisión política, inficionadas de irregularidades y vicios que vulneraban su legitimidad.

Lo que el nuevo presidente del PRD, Ing. Miguel Vargas promete es poner la casa en orden apegado a las normas estatutarias. En él depositamos la esperanza de disciplinar este partido y evitar el naufragio político. Por lo demás el respeto a las autoridades del partido es también respeto a la voluntad democrática de sus bases asociada al sentir de la colectividad, porque de qué vale alcanzar una nominación si se carece de perfil social, de representación colectiva.

La idea de un partido eficiente servirá para ganar espacios electorales que hemos ido perdiendo en algunas circunscripciones. Queremos un partido sin alharaca, sin indigentes ideológicos, disciplinado, puntual, modélico, ejemplar, preparado para volver al poder para colmar de realizaciones las demandas del pueblo dominicano, desarrollando una oposición de principios, firme, inclaudicable, llena de razones valederas para lograr el cambio y llevar al PRD al poder político de la nación.


Amos Wells escribió innúmeras páginas escrutando e interpretando las escrituras. Al pie de una semblanza acerca de Jonatán, quien resignó en David el trono que heredaría de su padre, este ilustrado hombre escribió lo que pasó a constituir una mis pasajes favoritos:

Procuraré hallar contentamiento en los senderos que deba transitar; dejaré a un lado el resentimiento hacia el que avanza más que yo. No permitiré que la envidia me domine cuando mi rival muestre su poder. No negaré sus méritos, pero procurare demostrar los míos. La envidia es uno de los defectos de nuestro carácter que más nos debilitan y nos rebajan. Envenena nuestra vida. Quita el gozo que hay en cada experiencia. Toma por enemigo a cada persona que nos supera. Debiéramos encontrar una buena parte de nuestro placer en el gozo y los triunfos de los demás, pero la envidia transforma esta posibilidad de placer en desventura.

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