lunes, 14 de septiembre de 2009

Ven Miguel Vargas busca un gran pacto

POR OSVALDO SANTANA/El Caribe

El liderazgo de Miguel Vargas Maldonado en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) podría estar sentando las bases para un acuerdo de gobernabilidad más allá de las elecciones de 2012.

Vendría a ser el gran proyecto de desarrollo nacional consensuado a largo plazo, del que tanto se ha hablado en el país.

La afirmación anterior se fundamenta en la práctica política del presidente perredeísta, que apuesta a posibilitar la gobernabilidad bajo la dirección del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Su énfasis está en una política de resultados, en atención a su proyecto de búsqueda del poder.

Vargas Maldonado empezó a marcar sus diferencias con los promotores de la línea dura contra el gobierno desde antes de presidir al PRD, pero de manera muy pronunciada a partir de la celebración de la Cumbre de las Fuerzas Vivas para encarar la crisis global, con el auspicio del Gobierno, frente a la cual expuso sus puntos de vista, con lo cual marcó una diferenciación con el liderazgo dominante en su organización.

Antes, uno de los prestigiosos juristas que lo apoyan se tomó la libertad de participar en la comisión designada por el presidente Leonel Fernández para elaborar el proyecto de reforma constitucional.

El 14 de mayo pasado sorprendió al país con la firma junto al presidente Fernández de un pacto para la reforma constitucional. Ahora, cuando el proceso de comunicación entre gobiernistas y el PRD parecía correr riesgos por la ley de partidos, de nuevo los mecanismos de coordinación se activaron y se reiteraron los compromisos para la aprobación de la reforma constitucional.

En cada circunstancia, el PRD ha logrado resultados, como el compromiso para la creación del Tribunal Constitucional, la redefinición de la composición y forma de elección de los miembros de la Cámara de Cuentas, el derecho de la segunda fuerza con representación congresual al Consejo de la Magistratura y el establecimiento del tribunal superior electoral, más la aprobación de la ley de partidos.

El mensaje que Vargas Maldonado ha enviado a las bases del PRD y al país es que mediante el diálogo y el consenso, sin extremismos y “galloloquismos”, se pueden obtener resultados tangibles que a fin de cuentas convienen a la gobernabilidad y a la decencia en el desempeño público.

Si el PRD continúa por el camino escogido por Vargas Maldonado y su equipo, probablemente una buena parte del país se verá en 2012 empujado a escoger entre simples gerentes, más en atención a méritos que a preferencias partidarias. Menos fanatismo y más racionalidad en el ejercicio de la política.

Con una reducción de los niveles de confrontación extrema, asimismo disminuirán los riesgos consabidos, como el estímulo al fanatismo y la violencia durante los procesos electorales.

Guido Gómez en el medio

En correspondencia con su actitud práctica, el aspirante del PRD reacciona, un tanto tardíamente, para influir en el proceso interno para escoger al secretario general de la organización.

Opta por evitar una secretaría general, al decir de algunos de sus seguidores, díscola, fanática, de “luchismo”, al estilo de la presidencia del ingeniero Ramón Alburquerque, que durante la pasada campaña electoral se convirtió en un polo, a veces contrario, a su discurso moderado al que había apostado durante todo el proceso, al extremo de que confrontó en términos duros a su Eminencia Reverendísima Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez al final de la campaña electoral.

Es evidente que Vargas Maldonado está tratando también de proyectar una imagen de un PRD confiable, que cree en la regla de gobernabilidad, del consenso y del predominio de las mayorías.

En ese afán, también ha tratado de impulsar un nuevo sentido de disciplina partidaria, cuando plantea la posibilidad de procesar en el tribunal disciplinario a dos connotados dirigentes del PRD del Proyecto República Dominicana (PRD), como ahora se identifica el antiguo Proyecto Presidencial Hipólito (PPH).

Pero en esa dirección afronta riesgos, como la guerra que deberá ganar a Hipólito Mejía, que ya arrancó en la búsqueda de la nominación presidencial en 2012. Más allá del PRD, la línea de Vargas Maldonado tiene otras implicaciones muy visibles y sensibles.

Es la posición en que ha quedado relegado el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que ha dejado de ser un factor decisivo en el Congreso en la medida en que se implanta una política de colaboración conveniente entre las dos grandes mayorías: PLD y PRD.

Y eso también impacta el ejercicio menos perverso de la política, donde un pacto no es el resultado de unos dólares más o unos cuantos carguitos en el Estado, sino el producto del juego de la correlación de fuerzas en el escenario nacional.





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