jueves, 23 de septiembre de 2010

Luís Abinader: impresiones fugaces sobre su discurso político

Por Luis R. Decamps R.

Hace unos días, tras una larga jornada de variopintas alternativas citadinas, mientras intentaba exorcizar el cansancio y el hastío buscando algo “digerible” en la televisión nacional me llamó poderosamente la atención, al detenerme en la repetición nocturna de un programa matutino de comentarios y entrevistas, el discurso sosegado, puntual e innovador de un político invitado.

Se trataba de un joven maduro, de tez clara y de mirada inteligente que, seguramente a propósito de la pregunta de alguno de sus interlocutores en el espacio, defendía al PRD, sin los consabidos visos de servilismo populista ni los demagógicos arrebatos de maniqueísmo tan propios de los políticos en campaña, de ciertos cuestionamientos (que consideraba injustos y sesgados) con el ardor templado de la reflexión aguda.

La verdad es que resultaba novedoso y atractivo ese discurso puramente partidista en labios del susodicho dirigente del PRD, y a despecho de mi inveterada costumbre de no dedicarle a los políticos en campaña más de un minuto de atención (con las debidas disculpas, la cuestión es que casi siempre nos atosigan con una perorata harto conocida y, muchas veces, para idiotas) me acomodé en un mullido mueble hogareño y me dispuse a darle momentáneo seguimiento a sus palabras.

Y lo hice, valga la precisión, con la apuesta de imparcialidad y el espíritu de implacable criticidad que me son característicos (ingrato fardo que empecé a cargar desde que era un escolar imberbe y que aún no he logrado echar al saco de la basura pese a haberlo intentado en un millón de ocasiones) a la hora de tratar los asuntos que tienen que ver con la política, los políticos y sus sinuosas andaduras.

Aquel entrevistado hablaba de manera sencilla, directa y sin cortapisas pero con gran propiedad, y aunque discurría sobre un tema partidario (que obviamente importa básicamente a sus conmilitones) su singular estilo de abordaje oral y filosófico parecía imprimirle a semejante tópico sectario los matices propios de los asuntos del más alto interés nacional.

Confieso que el aludido dirigente perredeísta me impresionó.

En la parte postrera de su exposición sobre el tema de referencia, tras abordar lo relativo a las luces y las sombras de su organización política en la actualidad y de cara al mañana inmediato, el entrevistado formuló una serie de sugerencias y propuestas concretas que me parecieron oportunas, certeras y viables.

Y todo ello me impresionó aún más.

Luego, los anfitriones del espacio televisivo condujeron la conversación hacia los vericuetos de la política y la economía nacionales e internacionales, y el entrevistado hizo galas de un manejo intelectualmente sorprendente, académicamente depurado y ostensiblemente experimentado de los mismos.

En efecto, habló con soltura y precisión de la situación política vernácula y mundial, de las posibilidades actuales y potenciales del presente gobierno frente a los graves problemas que actualmente existen o están en perspectiva, y exhibió una destreza analítica y un conocimiento de causa que me recordaron vagamente la época resplandeciente (por desventura, ay, definitivamente irrecuperable) de los grandes maestros de la política dominicana.

Pero hubo una parte de su exposición que me satisfizo de manera muy especial, y fue la atinente a la situación económica nacional e internacional, pues aquí demostró ser un estudioso, una persona bien informada y, cosa extraña en gente con tal nivel de formación, un individuo pragmático y aterrizado, un profesional con gran sentido práctico y comprensión de la realidad concreta de nuestro país y del orbe.

No puedo dejar de consignar que eso también me impresionó.

Lo cierto, lo meramente cierto es que por primera vez en muchos años un político en campaña logró que yo escuchara o viera la totalidad de su presentación en un espacio radial o televisivo, y reitero que lo consiguió por la madurez que exhibe a pesar de su juventud, por la confianza que proyecta su rostro filo-profesoral, por la frescura de sus ideas y por un estilo de expresarse y formular propuestas distinto del que ha caracterizado al liderazgo nacional de los últimos tiempos.

Ese joven reflexivo y sosegado, capaz y seguro, con formación y sentido práctico, ese joven que le ganó aquella noche la partida a mi cansancio, mi hastío y mi indiferencia ante la verborrea de los políticos del patio, ese joven y maduro dirigente político se llama Luis Abinader.

Debo decir, en honor a la más estricta verdad y para los que llevan anotaciones, que no conozco en persona a Abinader, pero que desde la noche mencionada una pregunta aletea en mi pensamiento: ¿no estarán los perredeístas desaprovechando, con el siempre obtuso alegato grupal de “que es muy joven”, a un líder diferente, lúcido, enfocado y agradable que pudiese ser esencial para proyectarle al PRD una imagen menos pedestre y, sobre todo, de mayor compromiso con la lucha por una sociedad verdaderamente democrática, justa, pacífica y progresista?

Por supuesto, todo el mundo sabe que Abinader está, literalmente, ante tres grandes valladares al interior del PRD: la presencia del liderazgo incuestionable del ingeniero Miguel Vargas (que tiene en su haber y favor la doble condición de ex candidato presidencial y máximo dirigente de la entidad), el formidable resurgimiento de la opción que encarna el ex presidente Hipólito Mejía (que desde ya promete una lucha “cuerpo a cuerpo” por la candidatura presidencial perredeísta) y, aunque la veda mediática no deja verlo en su real dimensión, la competencia del doctor Guido Gómez Mazara, talentoso y aguerrido líder joven que ha echado raíces profundas en las bases y dentro de las nuevas generaciones de ese partido.

El autor de estas líneas piensa, y lo proclama sin ambages, que los perredeístas (al margen de simpatías internas o de adhesiones grupales) deberían aquilatar adecuadamente y tratar de aprovechar de la mejor manera posible la opción social, política y conceptual que representa hoy en día en la República Dominicana el joven Abinader: líderes como él son un lujo para cualquier organización política.

(*) El autor es abogado y profesor universitario

Información publicada por la redacción de: Tribunadominicana

Enviada por Luis R. Decamps R.

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